Ir al contenido principal

Aprovechando el tiempo - Reflexiones cristianas

Colosenses 4:5,6 
Compartir el evangelio
     ¿Cómo es tu rutina diaria? ¿trabajo, estudio, tiempo familiar, amigos, iglesia? ¿Con cuantas personas que no conocen a Cristo te encuentras en el día? Tal vez en el trabajo o en el lugar donde estudias, o quizás en tu propia casa. ¿Cómo es tu comportamiento con ellos? ¿de qué tema hablan? ¿Cuando me encuentro con ellos, pienso en la manera de compartir de Cristo? 

 En los versículos que leímos, Pablo nos aconseja respecto a nuestras relaciones con los que necesitan escuchar el evangelio. No nos pide que nos alejemos de ellos, ni que los confrontemos agresivamente, o que discutamos. 

En resumen podríamos decir que debemos amarlos, comportándonos sabiamente, aprovechando el tiempo conversando amablemente. ¿Cuánto tiempo pasó de la última vez que hablaste de Cristo a los que te rodean cada día? Creo que aveces olvidamos que hasta nuestro comportamiento habla por nosotros.

Comentarios

También puedes leer

Jesús mi razón de vivir - Devocional cristiano

Colosenses 3:1-4      En una sociedad tan consumista en la que vivimos, parece casi imposible dejar de pensar en lo que nos falta, o deseamos obtener.  Todos los días nos enfrentamos a situaciones que nos llevan a pensar en función de necesidades, por ejemplo: que vamos a comer; como nos vamos a vestir; cuando podremos comprar el auto o la casa; o cuando nos aumentarán el sueldo; etc.  ¿Cuánto tiempo ocupan estos tipos de pensamientos en mi mente? ¿dónde están enfocados mis pensamientos? Creo que es inevitable ver cómo mis fuerzas, y emociones se dirigen hacia donde está enfocado mis deseos.      ¿Qué principio y consejo encontramos en los versículos que leímos? Primero que tenemos una vida nueva, y esta vida proviene de Cristo, si mi vida proviene de él ¿por qué no concentrar mi atención en él? Si Jesús me da vida, ¿acaso no sabrá lo que es importante para mi vida? ¡Claro que sí!      ¿Qué puedes hace...

El amor que restaura

1º Juan 2:7-11      Creo que todos, en alguna oportunidad, nos peleamos con una persona. Alguna diferencia con un compañero de estudio, un amigo del barrio, un familiar, etc. pudo haber provocado que se encienda nuestra ira y hayamos preferido alejarnos que perdonar. Claro que deberíamos diferenciar entre grandes o pequeñas peleas, pero ahora nos centraremos en aquellas que nos alejan, nos separan, nos hieren y que a pesar de saber que debemos perdonar y amar a nuestro prójimo nos resulta difícil hacerlo.      Las relaciones humanas nunca fueron fáciles, desde la caída del hombre en pecado podemos relatar miles de historias de divisiones, heridas y hasta muerte como consecuencia de alguna discusión. En esta oportunidad, Juan escribe a una iglesia que no era una excepción, había discusiones y divisiones entre hermanos.      Los creyentes de esta amada iglesias, al igual que nosotros, conocían muy bien un mandamiento antigu...

Versículo para memorizar