¿Notaste que a través de los medios de comunicación nos invaden publicidades que nos señalan la importancia de adquirir ciertos productos? Y cuando adquirimos el producto que promete felicidad, solo es cuestión de que llegue el día siguiente para que nuevas publicidades nos remarquen que aun hay más por conseguir para ser completamente felices. El punto es que, en el mundo en el que vivimos nunca llegamos a estar completos, siempre nos falta algo, y el mundo no tiene ningún problema de recordarnos nuestras necesidades insatisfechas. Pero no solo en el mundo encontramos este tipo de trato, también lo podemos vivir en la religión. Como venimos leyendo en Gálatas, los judíos religiosos creían firmemente que solo a través del cumplimiento de la ley podemos obtener el perdón y la santidad. Un día podías estar contento de haber cumplido determinada norma pero solo era cuestión de que llegue un nuevo día para darte cuenta de cuantas cosas más faltan por cumplir, y en el caso de que no te dieras cuenta o lo olvidaras nunca faltaba alguien que te señale lo que faltaba. Decían: no es suficiente tener fe en Jesús, es necesario cumplir la ley. Por este motivo Pablo expresa "...nadie es justificado por las obras que demanda la ley..." Solo por la fe en Jesús seremos justificados. Pero no solo soy justificado sino que mi vida es completa en Cristo, y a pesar de lo que el mundo o la religión señale lo que me falta, esta verdad no cambia. "He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí."
Filipenses 4:1-7 Llegamos al último capitulo, las últimas recomendaciones de Pablo y una revelación poderosa para el vivir cristiano. Nuevamente vemos como el Apostol los trata con mucho cariño, les dice "...hermanos míos, a quienes amo y extraño mucho..."(v 1) Él los tenía en un lugar muy especial en su corazón, y como un padre amoroso que se preocupa por sus hijos les aconseja. Les anima a mantenerse firmes, pues recordarlos así le llenaba de alegría el corazón. También podemos ver que, como en toda comunidad, no podía faltar las diferencias entre hermanos. La Iglesia de Filipos no podía ser la excepción. Notemos que dos personas muy amadas y activas en el ministerio estaban peleadas, Pablo les ruega que se pongan de acuerdo y que la comunidad las ayude a dejar las diferencias de lado y continuar en el servicio (V 2,3). Práctico y simple, no conocemos en detalles cual fue el conflicto entre estas hermanas, pero Pablo...
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