
Una mujer gentil corrió desesperadamente a los pies de Jesús
buscando una solución para su hija. Los judíos y gentiles no tenían buena
relación entre sí esto lo tenían bien asumido, todo judío formaba parte del
pueblo santo escogido por Dios, no así los gentiles que eran considerados
impuros, por esto eran llamados perros (porque el perro era considerado un
animal común, impuro, no como un insulto). Esta mujer sabia a que se enfrentaba y podía intuir cual
podía ser la respuesta de Jesús a su petición, pero a pesar de ello corrió a
buscar a Jesús. ¿Por qué el Señor respondió de esa manera? ¿No estaba siendo
cruel? ¿No sanó a cientos de judíos? ¿Por qué no hacer una excepción? Pero algo
que caracterizaba a Jesús era que desafiaba más y más a la fe. Cuando había que
alimentar a miles les dijo a sus discípulos “denles
ustedes de comer”; cuando les agarró una tormenta en el mar les dijo “¿todavía no tienen fe?”; cuando
resucitó a la hija de Jairo les dijo a todos “no lloren solo está dormida” Esta vez no iba a ser la excepción y
la mujer demostró que estaba dispuesta a confiar a pesar de toda adversidad.
Me pregunto porque el Señor a veces demora tanto tiempo en
responder a nuestras oraciones… tal vez solo nos ayuda a ejercitar nuestra fe.
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