Ir al contenido principal

Todo lo hace bien (Marcos 7:31-37)



     ¡Cuántas maneras de sanar a los enfermos! Lo hacía con una palabra, con una orden, con su mano o su manto, ¡y hasta con su saliva! En todos los pueblos que recorría dejaba impregnado en el corazón de las personas su estilo tan sorprendente de enseñar, desafiar, sanar y amar. Todos se sorprendían de Jesús, dice el verso 37 “…la gente estaba sumamente asombrada, y decía: todo lo hace bien…” La pregunta es ¿Cómo lo hacía?, la respuesta la encontramos en el verso 34 “…mirando al cielo, suspiró profundamente y…” Aquí está la respuesta, el Señor dependía de su Padre en todo lo que hacía. El dijo en una oportunidad “…ciertamente les aseguro que el Hijo no puede hacer nada por su propia cuenta, sino solamente lo que ve que su Padre hace, porque cualquier cosa que hace el Padre, la hace también el Hijo…” Juan 5:19
     Analicemos por un momento nuestras actividades diarias, de todo lo que hago por Dios ¿cuánto dependo de él para hacerlo? de todo lo que hago por Dios ¿cuánto me pidió él que haga?

Comentarios

También puedes leer

Jesús mi razón de vivir - Devocional cristiano

Colosenses 3:1-4      En una sociedad tan consumista en la que vivimos, parece casi imposible dejar de pensar en lo que nos falta, o deseamos obtener.  Todos los días nos enfrentamos a situaciones que nos llevan a pensar en función de necesidades, por ejemplo: que vamos a comer; como nos vamos a vestir; cuando podremos comprar el auto o la casa; o cuando nos aumentarán el sueldo; etc.  ¿Cuánto tiempo ocupan estos tipos de pensamientos en mi mente? ¿dónde están enfocados mis pensamientos? Creo que es inevitable ver cómo mis fuerzas, y emociones se dirigen hacia donde está enfocado mis deseos.      ¿Qué principio y consejo encontramos en los versículos que leímos? Primero que tenemos una vida nueva, y esta vida proviene de Cristo, si mi vida proviene de él ¿por qué no concentrar mi atención en él? Si Jesús me da vida, ¿acaso no sabrá lo que es importante para mi vida? ¡Claro que sí!      ¿Qué puedes hace...

El amor que restaura

1º Juan 2:7-11      Creo que todos, en alguna oportunidad, nos peleamos con una persona. Alguna diferencia con un compañero de estudio, un amigo del barrio, un familiar, etc. pudo haber provocado que se encienda nuestra ira y hayamos preferido alejarnos que perdonar. Claro que deberíamos diferenciar entre grandes o pequeñas peleas, pero ahora nos centraremos en aquellas que nos alejan, nos separan, nos hieren y que a pesar de saber que debemos perdonar y amar a nuestro prójimo nos resulta difícil hacerlo.      Las relaciones humanas nunca fueron fáciles, desde la caída del hombre en pecado podemos relatar miles de historias de divisiones, heridas y hasta muerte como consecuencia de alguna discusión. En esta oportunidad, Juan escribe a una iglesia que no era una excepción, había discusiones y divisiones entre hermanos.      Los creyentes de esta amada iglesias, al igual que nosotros, conocían muy bien un mandamiento antigu...

Versículo para memorizar