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Jesucristo y el perdón - Devocional cristiano

Colosenses 1:13-23 
     Existen muchas maneras de herir a una persona. Creo que cada uno de nosotros podría enumerar un sin fin de situaciones en las que nos sentimos heridos por alguien, o que herimos a alguien, ya sea con una palabra un gesto o actitud, o físicamente. Pero no solo la herida duele, sino también cargar con la culpa o la falta de perdón.

Imaginemos por un momento que alguien a quien aprecias mucho un día te traiciona, te golpea y te insulta y hasta llega a negar que alguna vez fueron amigo, de hecho ahora te considera su enemigo, ¿podrías perdonarlo? tal vez si se arrepiente y viene arrastrándose suplicando perdón podríamos considerar hacerlo, ¿no es así? 

Creo que no podemos negar cuan difícil es perdonar, y cuanto más amar a un enemigo. Los versos 19 y 20 dicen "Porque a Dios le agradó habitar en él con toda su plenitud y, por medio de él, reconciliar consigo todas las cosas... haciendo la paz mediante la sangre que derramó en la cruz." A Dios le agradó enviar a su propio Hijo, quien comparte su misma esencia divina, para reconciliar al mundo con él a través del sacrificio de Jesús en la cruz. Esto fue lo que hizo Dios por mi y por ti, y le agradó hacerlo así. Pero los versos 21 y 22 añaden un dato que engrandece el amor de Dios por nosotros, dicen "En otro tiempo ustedes... eran sus enemigos. Pero ahora Dios... los ha reconciliado..." 
Nosotros eramos enemigos de Dios y así como nos imaginábamos al principio las maneras que existen de herir a alguien, en otro tiempo nosotros fuimos quienes despreciamos y herimos a Dios, lo herimos a pesar de que él solo nos demostró amor. Pero a pesar de nuestra condición de enemigos a él le agradó enviar a su Hijo para hacer la paz entre él y su creación, entre él y nosotros. 

Este mensaje es maravilloso, es sorprendente, es incomparable, Dios nos ama tanto que fue capaz de enviar a su Hijo para hacer la paz. No fue por nuestros méritos, no lo ganamos, no lo merecíamos, de hecho merecíamos todo lo contrario, pero a Dios le agradó salvarnos. 

     No existe maldad que podamos hacer que sorprenda a Dios, porque él ya lo padeció todo y murió por nuestra maldad. Así que te animo a que nos acerquemos a Dios en este día, nos levantemos y sigamos corriendo esta carrera de su mano.

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